LOS
VERRACOS
En
Lumbrales se conservan dos verracos vetones, el Burro de la Barrera,
ubicado en la plaza del mismo nombre, junto al Centro de Visitantes
de Frontera, y otro Verraco procedente de las Merchanas que se instaló
hace unos años en la carretera de la Estación, frente
a la actual oficina de Correos. Del primero desconocemos su ubicación
exacta. Es uno de los de más bello trazado que se conocen. Está
en actitud de acometer; en la cabeza se acusan el hocico, los ojos y
las orejas; el resto tiene un modelado bastante sobrio sin más
accidentes que las pezuñas, órganos genitales y una hilera
de hoyos a lo largo del espinazo. Aunque no se conoce a ciencia cierta
su lugar de aparición, se sospecha que apareciera en el lugar
del pueblo actual, ya que por otros restos (fusaloyas, piedras circulares
de molino) se cree que éste fuera habitado en la segunda Edad
de Hierro y época Romana.
El
Verraco de las Merchanas se halló fuera del recinto del castro.
Es similar al encontrado en la villa de Lumbrales aunque sin patas ni
peana.
Además de estos existe un tercer verraco conocido
como "Cebón de Fuenlabrada"; no tiene cabeza ni peana,
sus patas están rotas y tiene hoyos en el espinazo.
Las esculturas de animales conocidas popularmente
como verracos representan también uno de los rasgos más
característicos de los vettones. Suelen ser representaciones
de cerdos, jabalíes y de toros, cuyo significado es difícil
de conocer.

La
gran plasticidad de estas esculturas y su enigmático significado
ha hecho que atrajeran la atención ya desde épocas más
o menos remotas, trasladándoselas en la Edad Media o en la Moderna
desde sys emplazamientos originales a las plazas de los pueblos, atrios
de las iglesias o casas noviliares. El hecho de que no se hallen in
situ dificulta aún más la interpretación correcta
de su significado. Se sabe que solían encontrarse cerca de los
castros, cementerios o en las zonas de pastos de mejor calidad, por
ello se cree que se colocaban para indicar los límites de los
poblados, cementerios y territorios, y que de forma simbólica
también protegían el ganado. En algunos casos está
comprobada su función, por lo menos en época romana, de
monumentos fúnebres.
El más
famoso de todos ellos es el "toro de la puente" romana
sobre el río, en la capital salmantina, que figura en el escudo
de armas de la ciudad y donde dan comienzo las andanzas del joven
Lázaro de Tormes. Pero hay otros muchos de sugestiva visita,
como los de Yecla de Yeltes, San Felices de los Gallegos o los de
Lumbrales.
De los dos que se conservan en Lumbrales,
el Burro de la Barrera es el que está mejor conservado.
LOS
VETTONES
En época prerromana, el territorio entre
el Duero y el Guadiana estaba ocupado por los Vettones, un pueblo
guerrero dirigido por una poderosa aristocracia que se dedicaba
a la ganadería, la agricultura y la metalurgia. Vivían
en poblados amurallados e incineraban a sus muertos. 
Los Vettones son mencionados por autores como
Estrabón, Plinio o Apiano en el contexto de los enfrentamientos
contra los romanos. Estos autores los describen como un pueblo
belicoso que habitaba en la zona del Duero. Sin embargo, ninguno
de estos autores mencionó las costumbres cotidianas de estas
gentes. Lo que sabemos sobre la forma de vida de los vettones,
pues, procede básicamente de restos arqueológicos
encontrados en poblados y cementerios.

Las
viviendas se distribuían en su interior de acuerdo con un urbanismo
sencillo, probablemente el ganado también se encerraba allí.
Eran de planta rectangular y constaban de varias habitaciones. Estaban
construidas con zócalo de piedra, alzados de adobe y techumbre
de madera y ramaje.
Junto a sus castros, cementerios
y orfebrería nos han dejado los llamados verracos, esculturas
que representan toros, cerdos y jabalíes que jalonaban el territorio.
Se encuentran cerca de los castros o de los cementerios, o en las zonas
de pastos de mejor calidad. Por ello se cree que se colocaban para indicar
los límites de los poblados, cementerios y territorios y que,
de forma simbólica, también protegían el ganado.
Existen gran diversidad de formas y tamaños.

Los
castros más antiguos datan del siglo V a. de C. A partir del
siglo III a. de C. las defensas de los castros se vuelven cada vez más
complejas: las murallas son reforzadas por torres y bastiones. Ante
ellas se disponen fosos y campos de piedras hincadas. Los verracos son
expresión del arte de este periodo.
Algunos castros son abandonados con la conquista
romana; otros perduran o bien son reocupados incluso hasta época
visigoda. Los principales asentamientos vettones de la provincia de
Salamanca son Las Merchanas y Yecla la Vieja, en la comarca de Arribes
del Duero, ambos protegidos por potentes sistemas defensivos.