MUSEO
TEXTIL DE LUMBRALES
Fue
inaugurado el 15 de mayo de 1999 con la presencia de autoridades locales,
comarcales, provinciales y portuguesas.
Comprado por el Ayuntamiento en 1996 al tejedor D.
Juan Cambón de Lumbrales, está compuesto por un telar
de principios del siglo XIX y de todos los instrumentos utilizados en
la fabricación de mantas, alforjas, colchas, alfámeres
y otras prendas propias de la época. El lino, aunque en menor
medida, también estuvo presente en estos quehaceres. Con esta
fibra se confeccionaban piezas para sábanas, camisas, jubones,
etc.
Desde su adquisición hasta la fecha de su
apertura, la concejalía de Cultura comenzó la ardua tarea
de la recuperación de fotografías antiguas, prendas elaboradas
en los telares lumbralenses, algunas datadas en el siglo XIX, maniquíes
con ropa de época simulando tareas propias, desde el esquileo
de la lana hasta el proceso final, y los interesante trabajos, plasmados
en paneles, de las publicaciones de Eugenio Larruga (MEMORIAS POLÍTICAS
Y ECONÓMICAS SOBRE LOS FRUTOS, COMERCIOS, FÁBRICAS Y MINAS
DE ESPAÑA, del año 1795) y Luis Cortés (LAS OVEJAS
Y LA LANA EN LUMBRALES, del año 1957).
A todo esto hubo que añadir la puesta en funcionamiento
del telar con la preparación de la undimbre, que es la operación
más difícil y delicada del oficio de tejedor. Esta tarea
fue elaborada por Julián Sánchez, tejedor local.
Esta recreación de lo que constituyó
una de las industrias más florecientes de la historia de Lumbrales
se encuentra ubicada en la Sala de Exposiciones municipal.
Algunos
datos extraídos de las MEMORIAS POLÍTICAS Y ECONÓMICAS
SOBRE FRUTOS, FÁBRICAS Y MINAS DE ESPAÑA de D. Eugenio
Larruga, publicadas en 1795
- En el año 1777 había en Lumbrales 106 telares con 270
tornos en los que se tejían mantas, paño basto, sayal
y jerga. “Es en este día una de las fábricas mayores
de la provincia”. Hay que tener en cuenta que el concepto actual
de fábrica no se corresponde con el del siglo XVII, ya que, como
sucedía en Lumbrales, el proceso de elaboración no se
centralizaba en edificio alguno. Telares, tornos de hilar, etc., tenían
un ámbito familiar.
- Había en la villa 77 fabricantes que empleaban a 400 oficiales
sin incluir a las mujeres que hilaban el estambre a mano en casa, o
en el mismo telar. Cada telar ocupaba a dos cardadores, un pasador de
canillas, un tejedor y tres hilanderas. Todo esto, y también
por “su respetable vecindario”, hizo que Lumbrales gozara
de gran prestigio y admiración.
- El progresivo desarrollo de la fábrica se manifestaba en el
aumento de batanes situados en las orillas del río Camaces. De
un solo batán en 1750 se pasa a tres.
- Consumían anualmente los telares 164.921 kilos de lana en sucio,
sin incluir la que producían los ganados del pueblo.
- Se fabricaban anualmente:
o 16.165 metros de sayal (tela burda)
o 4.840 metros de paño
o 50.107 metros de jerga
o 2.900 mantas
o 8.600 delantales para mujeres
- Tenía la fábrica en el reino de Portugal el principal
consumidor de sus productos. El pago de dinero en mano y la desaparición
de los derechos aduaneros que solían pagar las manufacturas españolas
que pasaban a otros reinos, privilegio concedido por el Soberano como
medida de protección a los fabricantes de Lumbrales, propició
el florecimiento de la industria textil.
- No obstante, el monopolio de ocho vecinos poderosos de Ledesma, que
adelantando el dinero a los cosecheros para gastos de esquileo acaparaban
toda la producción lanar del entorno para revenderla después
a los fabricantes de Lumbrales a precios exorbitantes, unido a la mezcla
fraudulenta de lanas de pelo de buey y de cabra, el abuso excesivo de
los tintes y la falta de disciplina en el peso de las mantas, provocaron
un decaimiento considerable de la fábrica y merma de su ganada
reputación. Para el restablecimiento de la fábrica, “personas
instruidas” convienen solicitar al rey Carlos III “mandase
cumplir la observancia de 13 capítulos”, entre ellos:
o “Que los vecinos de Ledesma y otros pueblos en que no haya fábricas,
no puedan comprar lana al contorno de 10 leguas de Lumbrales”.
o “Que se prohíba y castigue con rigor el abuso de los
tintes”, ya que encubren la mezcla de lanas de pelo de buey y
cabra.
o “Que toda manta en general pese cuatro libras y que los fabricantes
puedan hacer mantas de más peso pero no menos de lo referido”.
o “Que se obligue a los fabricantes a marcar con un distintivo
sus manufacturas, llevando un control el mismo Ayuntamiento, y se castigue
rigurosamente el fraude que pueda hacerse de usar con malicia unos la
marca de los otros”.
o “Finalmente, que el fabricante más sobresaliente pase
a Palencia a perfeccionarse en su oficio, a costa de los propios de
la Villa y que después se restituya en calidad de Maestro y veedor
perpetuo con 100 ducados de sueldo anual y obligación de tener
escuela propia”.
Teresa Robledo Hernández
El
arte de "tejer" consiste en la técnica artística
de entrelazar hilos y entrecruzarlos de forma ordenada. Para ello se
utiliza un instrumento fundamental común a todas las culturas
desde los tiempos más ancianos. Estamos hablando del "telar"
rústico del oficio artesanal.
Un telar es una máquina que elabora un tejido a partir de un
grupo de hilos. Para ello coloca un grupo de hilos en forma vertical,
manteniéndolos siempre tensos . Este grupo de hilos se conoce
con el nombre de "urdimbre". A continuación se teje
con otro grupo de hilos en posición horizontal, tomando como
base la "urdimbre". Este segundo grupo de hilos se llama "trama.
"Tejer" es formar una tela usando la "trama" y la
"urdimbre". Para ello se utiliza el "telar" que
sirve para separar los hilos de la "urdimbre" y dejar pasar
el hilo de la "trama". El "telar" se basa en un
mecanismo que permite la apertura de la urdimbre. Para ello se utilizan
dos varillas que metidas en la "urdimbre" permiten coger los
"hilos pares", separándolos de los "hilos impares".
De esta forma se abre la "urdimbre" y se divide en dos partes
iguales, dejando bastante espacio para poder pasar el hilo de la "trama".
Este espacio abierto entre las dos capas de la "urdimbre"
se llama "calada".
El "telar artesanal" puede producir tejidos desde los más
gruesos a los más finos, desde las pesadas alfombras de lana
hasta los finos damascos de seda, pero siempre se sigue el mismo principio:
tejer una "trama" en una "urdimbre" previamente
colocada sobre el telar.
UN POCO DE HISTORIA
Desde tiempos remotos en el Norte de Europa y la India
se trabajaba el "cáñamo". Los países
mediterráneos tuvieron grandes maestros en el arte de hilar,
teñir y tejer la lana de las ovejas. En Asia, la Antigua China
producía seda y, en América los pueblos indígenas
sabían aprovecharse de la lana de las alpacas y de las flores
de algodón.
En el año 1350 aparece la primera máquina de hilar, muy
rústica y origen del posterior torno de hilar (que aparece en
1530). De esta forma los tejedores consiguen una método más
rápido para conseguir hilo que hasta el entonces utilizado de
forma manual mediante ruecas y husos. La urdimbre de los telares necesita
ser cargada con muchos metros de hilo, la aparición de la primera
máquina de hilar supone una importante mejora.
Durante el Siglo XVI, de países lejanos llegan
a Europa artesanos cargados de conocimientos, herramientas y secretos.
Los orientales traen el camelino, tejido hecho con pelos de camello.
Los árabes traen sus técnicas en el arte de teñir
los hilos. De esta forma el arte de los telares se enriquece considerablemente.
Es a partir de entonces cuando prolifera la producción de finos
y complicados damascos para la nobleza.
Después del año 1530, el hilo se vende
más barato. Las personas que vivían alejadas de las grandes
ciudades y los mercados consideran la posibilidad de tener un telar
en su casa y confeccionarse sus propias ropas. Aparecen los primeros
telares domésticos en pueblos y aldeas.
A
finales del S. XVI, Europa con el cultivo del gusano empieza a producir
seda. Los tejedores la utilizan para tejer damascos al igual que antes
utilizaban el algodón o el lino. Los damascos de seda son ahora
llamados "brocados".