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La comarca histórica de El Abadengo, situada en el oeste de la provincia de Salamanca, se extiende hasta la frontera con Portugal. Los ríos Duero, Huebra, Águeda y Camaces y numerosos arroyos y riveras encierran los municipios de la comarca. Quienes gusten de parajes que ofrecen aún sus recursos naturales, arqueológicos y etnográficos en estado casi virgen, encontrarán en El Abadengo un lugar donde el tiempo se detiene.

Aunque la comarca hunde sus raíces en la historia medieval, estas tierras estabna bajo la jurisdicción del abad o abadón (al que debe su nombre) de la poderosa Orden de los Templarios; con la disolución de ésta en 1311 las villas pasaron a manos de la Corona, aunque en lo religioso siguieron dependiendo del obispado de Ciudad Rodrigo. Este sistema continuó hasta el siglo XIX con la eliminación de los señoríos y las posteriores desamortizaciones de Mendizábal, que modificaron las jurisdicciones y la propiedad de la tierra.

Los avatares históricos y las luchas fronterizas entre Castilla y Portugal hicieron que estas tierras quedaran sobre una y otra corona, pasando definitivamente a Castilla en la época de Enrique IV. Puede decirse que ya en el s. XV las fronteras estaban totalmente delimitadas. Como recuerdo de aquellas luchas permanecen inhiestas las torres de los castillos de San Felices de los Gallegos y Sobradillo.

El Abadengo puede presumir de un rico y extenso patrimono histórico, artístico, monumental y cultural, fruto del paso de diferentes culturaqs: pinturas y grabados rupestres, talleres neolíticos y dólmenes son algunos de ls vestigios prehistóricos. La cultura vetona ha dejado gran número de restos en castros y verracos, y la romana se hace visible en las calzads, vías o estelas funerarias.

Iglesias, ermitas, antiguos monasterios, conventos, llamativos cruceros de piedra, fortificaciones, murallas, castillos y torres de vigilancia, palaacios y casas señoriales, constituyen un legado secular de miles de años que puede ser contemplado en los diferentes municipios de la comarca.

Una de las grandes obras realizadas se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, la construcción de la línea férrea de Salamanca a Oporto, en la que miles de obreros tuvieron que horadar en la roca 20 túneles y salvar los desniveles del terreno con nueve puentes, sobre todo en el tramo final de la Fregeneda (hoy día en mal estado), cuya rehabilitación persiguen las administraciones a fin de recuperar una de ls rutas turísticas más llamativas de la comarca.

A esta enorme riqueza patrimonial se suma como contrapunto el contar con el Parque Natural de Arribes del Duero, que supone un conjunto de altísimo valor medioambiental.

Los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han vivido en esta gtierra han legado un sinfín de tradiciones y celebraciones, algunas de las cuales conservan irtos y costumbres ancestrales y exclusivas de esta zona. A los típicos encierros y corridas de toros, a veces en plazas de carros, se añaden bailes de la bandera, bailes tradicionalaes, subastas de roscones, procesiones, fiestas de madrinas, romerías, carreras de cintas, hronazos campestres y hogueras de ramas de jumbrio (enebro) para rendir homenaje a los santos, a la Virgen María o Jesúsn en forma de crucificad o nazareno, patronos sempiternos de estas tierras.

Junto a estas tradiciones ha llegado hasta hoy una interesantísima arquitectura popular basada en la piedra arenisca o la pizarra, pero sobre todo en el granito aprovechando los recursos naturales (uno de los valores más auténticos de esta comarca). No sólo se aprecia en las propias viviendas sino también en otras construcciones: vistosas portadas o partales, corrales, chozas, casitas, tenadas, lavaderos, fuentes, cercas y numerosos puentes, pontones y molinos a lo largo de sus numerosos ríos, arroyos y riveras.

A todo esto hay que añadir una extensa, exquisita y variada gastronomía, herencia también del paso de los tiempos; así va desde la calidad de los embutidos de carne de cerdo, en ocasiones hechos con las viejas recetas de las matanzas tradicionales, pasando por la carne de ternera, cabrito o cordero hasta los excelentes quesos de leche de oveja, los llamativos hornazos y los no menos gustosos ducles: mantecados, perronillas, repelaos, flores, obleas, rosca, queso de almendra...

P
ara el futuro viajero las épocas ideales para visitar esta zona son en primavera y otoño; en la primavera, la vegetación adquiere los tonos más hermosos a causa de la floración de sus variadas plantas; en otoño, predomina en sus campos el amarillo-morado de las hojas de sus numerosos viñedos después de la vendimia.
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